Historia

Antes todo era distinto. Vivíamos en una gran isla rodeados de todas las comodidades inimaginables. Éramos felices y vivíamos en una gran armonía colaborando todos juntos. La vida era perfecta y apenas había sobresaltos, si no contamos las continuas travesuras de Lõhmos Kütj o algún que otro altercado sin importancia de Metskull Gorhky. Nos divertíamos contando historias: reales, fantásticas, exageradas… Nuestra historia nunca estuvo escrita, siempre se contaba y así se transmitía de unos a otros.

 

Pero todo cambió aquel 57 de tedder de 3488 (para vosotros, humanos, un 13 de enero de 2020). Una gigantesca ola se lo llevó todo por delante: mi casa, mi familia, mis vecinos… Nuestra historia. Todo desapareció, y los que sobrevivimos, acabamos arrastrados con lo puesto y diseminados por todo el mundo.

Ahora, como colono de tu gigantesca planta, llevo en la más absoluta soledad A hundred years in a potted tree house, y he desarrollado a lo largo de todo este tiempo una gran habilidad para la construcción y la observación.

Nunca habíamos salido de nuestra isla, por lo que, muy poco a poco, me he ido acostumbrando a mi nuevo y extraño entorno. Observando toda la riqueza natural que me rodea he llegado a descubrir todo lo que necesito para sobrevivir y construir: madera, frutos, semillas, hojas y pequeñas ramitas.

 

Mi casa es tan personal y única como yo y como la planta que la soporta. Está perfecta e inevitablemente adaptada a su singular fisionomía y tiene un inquietante, delicado y particular equilibrio imposible característico de mi recién estrenada habilidad para la construcción.

Puede que nunca vuelva a ver a nadie de mi isla, pero somos muy duros y estoy convencida que muchos habremos sobrevivido en cualquier parte. No pierdo la esperanza, mientras tanto, contaremos historias: reales, fantásticas, exageradas…

Baira Movagrigalas. Habitante de la #PTH018